Cosas de mí

jueves, 25 de agosto de 2016

Redueña: Ayer Y Hoy


Hablar de la vejez en Redueña es, prácticamente, repetir y afirmar lo que en otras localidades castellanas campesinas y serranas ocurría. Las variaciones son pocas en cantidad y en calidad.
En Redueña los ancianos vivían en sus casas mientras estaban bien, mientras se valían pos sí mismos. Después pasaban a depender de los hijos. Los hijos cuidaban de los padres ancianos. Se iban a meses. Un mes con uno, otro con otro... Así.

Era lo habitual. Lo que se esperaba socialmente de los hijos: que cuidaran a sus padres cuando estos llegaban  a viejos. Las Residencias de Ancianos no existían. Se conocían desde siglos anteriores los llamados asilos, pero nunca han gozado de buena fama entre la población. Estaban, según el sentir popular, destinados para personas solas, pobres, desheredadas... y no eran bien tratadas allí.  Corría la fama de humillación, abandono, falta de cariño y de familia... unido a un sentimiento de abandono y de tristeza por parte de los ancianos que se veían en la obligación de ir a un asilo.

La vida de las gentes de Redueña transcurría en el campo. Las faenas agrícolas y ganaderas ocupaban sus vidas. Pastores de vacas y de ovejas. Campesinos que han labrado sus tierras y sacado de ellas el pan de cada día. Los hombres en unas tareas y las mujeres en otras. Nadie estaba ocioso.  El sustento diario de las familias dependía del trabajo diario de todos. En Redueña además de los animales y del campo se trabajó la piedra. De sus canteras salieron piedras para obras famosas, como la fuente de Cibeles en Madrid.

La zona es tierra de viñedos desde muy antiguo, estaban tan arraigados y eran tan prósperos en otras épocas que su Patrona es la Virgen de las Viñas. Tuvo por aquel entonces la Virgen su propia ermita, en el recinto que forma parte del cementerio actual. En otros tiempos estuvieron ubicados en el interior de la ermita de la Vírgen de las Viñas. Estos últimos hoy día no existen: eso se ha vaciado todo. Ahí ya no queda nada. Las lápidas antes, las hacía el del pueblo. Ahora, a ver quién puede más, a ver quién puede más... Se encargan fuera. Las empresas se preocupan de dejar su firma en la tumba, al estilo moderno: una placa de metal con su nombre, dirección, teléfono y/o e-mail cuando se tiene. La iglesia conserva algunos de los enterramientos más antiguos junto al altar.  

Interior de la iglesia de Redueña.

La persona fallecía en la casa familiar. Si moría fuera de la casa, o enfermaba de gravedad, se acostumbraba y aún hay quien lo hace, a ir a morir a casa. Se ha dado el caso de llegar del hospital, desde Madrid y fallecer el enfermo transcurridas pocas horas. En el momento de la muerte  no hay ni había nadie que se ocupase profesionalmente de amortajar al difunto. Es una tarea que suelen hacerla las mujeres de la familia. Esposas, hijas, nueras... y ayudan las vecinas u otras mujeres de la familia.
La tarea de amortajar, por lo general  realizada por mujeres- aparte del valor y fortaleza emocional que se le supone a las familiares más próximas a la persona fallecida -debe soportar su dolor, el desfallecimiento físico y moral...- requiere ayuda material y práctica por ser una labor difícil de realizar una mujer sola. Pero, a pesar de la dificultad, se ha dado el caso alguna vez; como me cuenta una mujer que contó con poca ayuda el día que falleció su padre: sólo para levantarle de la cama y ponerle la camisa, porque sola no podía. Pero lo demás, yo sola. 

Al difunto se le lavaba y se le vestía con sus mejores ropas. El cadáver se velaba toda la noche en la casa. Era habitual que la gente del pueblo, conocidos o familiares, pasaran a dar el pésame, hombres y mujeres.  Se rezaba y se cotilleaba también, según lo cerca o lo lejos que te tocara -parentesco-. Al día siguiente, se llevaba a hombros el féretro a la iglesia. Se decía una misa de funeral y de ahí se le llevaba a enterrar al cementerio. Era costumbre muy extendida por la geografía castellana que las mujeres del pueblo no fueran al cementerio. Se quedaban en la casa del difunto acompañando a las familiares del fallecido o de la fallecida. Al cementerio iban sólo los hombres, fuesen parientes o no. Lo habitual es que a un sepelio acudiese casi todo el pueblo. Pues casi toda la población estaba emparentada o eran vecinos, o amigos.
Las relaciones sociales de índole diversa cruzan y recruzan los vínculos parentales muy a menudo en las zonas rurales. Casi todos, pues,  formaban la comitiva  masculina que acompañaba el cadáver hasta el cementerio para darle sepultura. Las mujeres, la mayoría de las vecinas del pueblo también,  iban a la iglesia, a la misa de difuntos antes del entierro, pero al cementerio no. Después se hacía un novenario, los nueve siguientes días al enterramiento se acudía a casa del difunto a rezar el rosario. El noveno día se decía una misa y se daba por finalizado el tiempo que debía irse al rosario familiar: Claro que, unas rezaban y otras no... Iban a charlar, a eso es a lo que iban... 

Los hombres no llevaban ningún distintivo exterior del luto. Vestían del mismo modo que lo hacían antes y después del período de duelo. Agún detalle en la manga de la chaqueta, como una cinta o algún botón negro...  pero apenas el día del entierro. Tampoco se alteraba su modo de vida, excepto que ellos, personalmente, lo quisieran. Las mujeres debían vestir de negro de pies a cabeza. No recuerdan actualmente que ninguna llevase velo o pañuelo en la cabeza durante el luto, pero sí recuerdan que llevaban medias negras incluso en verano; no obstante cabe suponer que muchos años atrás sí llevaran velo durante el duelo, como en el resto de Castilla. Por entonces las ancianas vestían todas de negro, la excepción era la que no vestía así. Muchas de ellas eran viudas y puede decirse que rara vez volvían a acicalarse ni a vestirse de color. Además, el luto se guardaba por los padres, hermanos, primos, tíos... Más o menos tiempo, claro está, según el grado de parentesco, pero no falta quien relata casos de mujeres que desde jóvenes apenas se quitaron el  luto; pues le venía uno detrás de otro. El luto no sólo afectaba a la indumentaria, implicaba también no salir de casa, no ir a fiestas, hacer duelo era privarse de reír, sobre todo en público,  por mucho tiempo.

Tomando como punto de partida la ermita de la Virgen de las Viñas,  se formó el cementerio tal y como existe ahora. El actual se ha ampliado en fechas muy recientes. En una de las antiguas paredes que  cierran el camposanto se ha abierto un vano que comunica ambas partes, carece de puerta y da acceso a lo nuevo, la parte que se ha hecho ahora.  La  zona en la que mayoritariamente se pueden observar sepulturas con flamantes lápidas, todas construidas en granito gris. También se pueden ver las últimas fosas excavadas, cubiertas con unas tablas para evitar accidentes. Se han construido nichos modernos en hileras verticales y el resto del terreno se mantiene acotado  por la nueva valla. La zona nueva dispone de un nuevo acceso también desde la calle, amplia y nueva puerta con tejadillo, similar a las que se están construyendo en municipios cercanos.  De modo que  es fácil distinguirlas. Ambas zonas, antigua y moderna, se diferencian a simple vista. Su arquitectura es un buen exponente de las épocas en que están edificadas. La antigua piedra de los muros ha dado paso al ladrillo. Los restos mortales,  lo que había,  se han depositado en nuevas tumbas familiares o en una fosa común situada en el fondo del cementerio antiguo:  Los restos de los fallecidos que por una u otra razón nadie se ha hecho cargo de ellos, que no tenían familia , o que ya no vivan aquí o por lo que sea... esos están ahí, en la fosa común.
Fosa común. Redueña

No se  identifican con tanta facilidad los difuntos antiguos de los  actuales.  Podríamos pensar que basta con mirar las fechas de los enterramientos, pero ocurre que, si sólo nos fijamos en ese detalle,  da la impresión de que en Redueña  no se hubiera muerto nadie en muchos años.  Sin embargo no es así. Ocurre, sin más, que  antiguos muertos han cambiado de habitáculo: Antes se enterraba en el suelo de la ermita. Ahora ya no se entierra en ese  espacio, sino en la tierra de afuera. La ermita se ha cerrado. La Virgen ha sido trasladada a la iglesia del pueblo donde ocupa un lugar de honor, y las  tumbas del suelo de la ermita se han vaciado.

Las lápidas fuera de uso se conservan pegadas unas,  apoyadas otras,  en las paredes del cementerio, como se puede ver en las fotografías. Algunas de ellas proceden de las fosas que estaban cavadas en el interior de la ermita y otras de fosas  ubicadas fuera de la capilla que  se han renovado.  Los restos mortales  sepultados en  la zona exterior no se han movido de lugar ni se han alterado las tumbas; sólo se han cambiado las antiguas lápidas y/o cruces  por otras más modernas de granito, casi en su totalidad de camposanto y los modelos de las lápidas.  Los cementerios en la actualidad comienzan a tener, de modo generalizado,  una apariencia gris, gris del granito más o menos oscuro, más o menos decorado, pero dentro de unos límites fijados por la moda y la industria actuales. Están repletos  de tumbas fabricadas por empresas especializadas que abarcan una zona geográfica más amplia y sirven a clientes de pueblos diferentes. Este cementerio, como muchos otros, va adaptándose a los nuevos tiempos, también la eterna morada de los muertos se ha visto afectada por las modas más recientes, por los nuevos usos y por las nuevas costumbres. Sólo algo no ha cambiado desde que el mundo es mundo: Nacemos, vivimos y morimos.  Pero ya no nacemos en las casas, sino en los hospitales; y ya no morimos en las casas, sino en los hospitales, al menos la gran mayoría de la población. Ya no vivimos como vivieron nuestros abuelos











Madrid, 30 de agosto de 2010 

Este artículo se lo dedico a Angelines Pérez.  Natural y residente de Redueña,  al día de hoy - año 2010- cercana a la fecha de su noventa y cinco cumpleaños, la conozo.  Ella es una testigo sin igual de lo que  que significó ser mujer en el siglo XX, su biografía podría muy bien tomarse como modelo de la vida y de la obra continua de las mujeres de la sierra de Madrid en esa centuria. 








martes, 23 de agosto de 2016

El Último Viaje

Algo similar a lo que contaba el arriero, me dijo una mujer de edad avanzada que ocurría en Torrelaguna. Recordaba a mujeres y a hombres, si no descalzos,  que también había algunos, calzados con zapatillas: Lo corriente entonces era usar zapatillas en invierno y en verano. Sin embargo, los zapatos nuevos junto a un traje nuevo -por lo general el que llevaron el día de su boda- los  guardaban y cuidaban durante años para ser usados como mortaja. 

Un anciano, al que cité en la entrada anterior, guardaba en su memoria la imagen de mozas serranas ataviadas con ropa de domingo, bien acicaladas para ir al baile pero descalzas. Cabe pensar que aquellas mozas, hoy quizás fallecidas,  llevaron zapatos para cruzar al más allá, para realizar su periplo en solitario por un mundo desconocido.

lunes, 22 de agosto de 2016

Los Curanderos De Villena


He conocido la existencia de un vídeo sobre el tema que da título a este escrito. El vídeo está realizado en el año 2000 por un amplio equipo de alumnos y de tutores de las Universidades de Valencia y de Alicante. Colaboran además la Generalitat, la Consellería de Cultura, Educació i Ciència, el Institut Français y la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Según consta en los títulos de crédito del mismo.
Hasta ahí, todo me parece no sólo correcto, sino estupendo. Pues si yo empecé sola, sin financiación alguna y con un papel y un lápiz, estos resultados se puede decir que son gloriosos. El asunto ha "calado" e importado. ¿Se puede pedir más? Pues sí. Se puede y se debe pedir más: Seriedad.

La imagen de los curanderos de Villena que se da es tan incompleta que, lo que se ve y se oye, vale para cualquier curandero o cualquier curandera de cualquier lugar. Y digo cualquier lugar: Valle del Vinalopó, Comunidad Valenciana, España y mucho más lejos.
Si nos atenemos a lo que se oye y no a lo que se ve, sabemos que es Villena porque alguien en algún momento lo dice. Y si nos atenemos a lo que se ve, más aún. Villena no se ve en ningún enfoque de la cámara. Sólo vemos profesionales que hablan. Cada uno desde su óptica. De esas opiniones la más acertada, desde mi punto de vista, es la del médico. Las personas acuden al médico y acuden al curandero. Ambos especialistas son requeridos por la población villenense y ambos tienen "su" clientela. Tal comportamiento de la población debe de ser tenido en cuenta en cualquier investigación seria y científica. Cosa que no se hace con la frecuencia que dicen.
 
A veces, esa clientela coincide, otras veces no. Ambos profesionales son en algunos casos, podríamos decir, complementarios; en otros casos son excluyentes: como en el caso de los que deciden seguir el proceso de desarrollo de su facultad.
El psiquiatra queda invalidado para tratar ese trastorno.
Se considera "espiritual" y "no médico".
El caso de los "endemoniados" que algunos entrevistados me referían como "ataque epiléptico" y otros como "acogimiento" no es una cuestión única de los espiritistas curanderos, al menos en exclusividad. Los sacerdotes católicos exorcistas expulsan demonios. En la prensa hay noticias de ello de vez en cuando.
Craso error el descontextualizarlo. Y craso error el del vídeo que ha motivado esta respuesta: No hay contexto social ni conceptual. 

Valga el vídeo como opinión de los opinantes que opinan, pero como informe fiable de tales curanderos, no. Una y mil veces: No.
La visión que se da de su actuación socio-sanitaria  no es clara ni exacta. Los dos ejemplos que muestran en el vídeo no son representativos en absoluto. Su parcialidad y su especificidad los invalida como tales.  Cuando nos muestran cómo la anciana curandera mide a la "paciente" -lo entrecomillo porque no me creo que sea una paciente, sino que es la misma entrevistadora o alguien que va con ella-, lo que se ve es una mínima parte del ritual.
Y  no sólo está incompleto el ritual, sino que también lo están las imágenes de sus movimientos. Tan mínimo es lo que se puede observar que, no se sabe si mide, si toca la punta del pañuelo o qué pretende hacer.
La filmación no es válida para mostrar el acto curativo, ¿o adivinatorio?, ¿o sirve para ambos?. En Etnografía no se puede admitir una grabación similar. No sirve como investigación científica. Es falsa porque los datos, así "registrados" son falsos.

Medir para quitar el empacho, de ello ya hablé en mi libro sobre el espiritismo y los curanderos de Villena hace muchos años, o quitar el mal de ojo, no son tradiciones originarias del espiritismo; aunque se den a la par. Hablar de la magia como recurso sanitario o de la orografía y asentamientos poblacionales, tampoco nos dice nada del curanderismo y de Villena muy poco, y del porqué de la existencia de curanderos en el municipio menos aún.
Por otra parte, sabemos que la Iglesia católica censura el espiritismo. A título personal un sacerdote puede acudir al curandero como acude al médico, por trastornos físicos.
Y, en cuanto pedir ayuda a los sacerdotes, es habitual en las personas que sufren lo que podemos llamar "dolencias del alma".
Sobre otro asunto que suelen atender también los sacerdotes, "hacer la caridad" he visto con mis ojos a la curandera de Villena que aparece en el vídeo, fallecida hace unos años y a la que recuerdo con aprecio, haber mantenido en su casa a alguna persona indigente durante tiempo.
Al visualizar las imágenes me da la impresión de que está grabada sin que ella lo supiera. Lo compruebo.

Según sus familiares, fue grabada sin permiso y sin saber que la estaban grabando.
Se puede oír con claridad como ella le dice a la supuesta paciente: "Tú esto no te lo crees, esto no te lo crees. En el fondo de ti te estás riendo.... porque dices, esta mujer está majareta perdía". Lo dice entre risas, pero lo dice. Y lo dice como sabe.
Eso no es serio ni aceptable ni respetable. Es una tomadura de pelo.
En varias ocasiones, con creyentes curanderos y creyentes no curanderos, comenté el tema desde mi punto de vista antropológico y no espiritista, y fue aceptado como "mi" modo de verlo, sin más. La respuesta más corriente: "Tú lo dices así, nosotros lo decimos de la otra manera".
Dicho sea de paso, no es ésta la primera ni la única vez que les han grabado con "cámara oculta". El nieto de una curandera me dice: "Vi mi casa en tele cinco. ¿Y eso... si es mi casa...qué hace mi casa ahí?"

¿A cualquiera que le grabaran en su casa, en su trabajo, en sus oraciones, en su vida privada, sin su consentimiento, le gustaría? ¿A quien le gusta que se rían de su fe? ¿Lo aceptarían ustedes, señores lectores?
Creo que les falta mucho por aprender a muchos investigadores, o que ellos dicen que lo son.
Lo primero es que los antropólogos, sociólogos y otros profesionales de las ciencias humanas trabajamos con personas. Y lo menos que se merece una persona es respeto.
Si, además, vamos a hacer públicas nuestras investigaciones, estamos obligados a comprobar los resultados y a pedir permiso a los interesados para su publicación.